Una primera clasificación distingue entre baterías abiertas y cerradas.
Baterías abiertas son aquellas que
pueden llenarse con electrolito. Las más corrientes son las baterías de plomo ácido que requieren ser
rellenadas debido a que el oxígeno y el hidrógeno presentes en la batería en estado gaseoso se recombinan
y forman agua.
Las baterías cerradas, frecuentemente llamadas de libre mantenimiento, son aquellas que
sus placas están hechas de material puro, lo cual reduce la cantidad de gases formados.
Actualmente, las baterías recargables más utilizadas son la de Níquel-Cadmio (Ni-Cad), las de Níquel-Hidruro
metálico (Ni-MH) y las de iones de litio (Li-Ion).
Las baterías de Ni-Cad son las más viejas de todas. Su principal ventaja es su bajo costo pero su principal
desventaja es su pequeña duración y el llamado efecto memoria (ver glosario de términos).
Las baterías de Ni-MH son las que se usaron durante muchos años en teléfonos móviles y ordenadores portátiles. Son
más ligeras y de mayor capacidad que las de Ni-Cad y no están sujetas el efecto memoria. Su principal desventaja
es que cuando sube la temperatura baja drásticamente la vida útil de la batería (ver glosario de términos).
Las baterías de Li-Ion tienen una capacidad equivalente a las de Ni-MH pero tienen una mayor densidad de energía
y más constante. Además son las que tienen un tamaño y peso más reducido.
Su uso se recomienda para trabajos intensos y exigentes. Es ideal para su utilización en
iluminación. Está sustituyendo a la tecnología de Ni-MH en los teléfonos móviles y ordenadores portátiles. Los
nuevos circuitos con los que se dotan a este tipo de baterías las aseguran contra problemas de sobrecarga,
sobredescarga y sobretemperatura. Su incoveniente es el costo, pero las actuales demandas de fabricación han
permitido popularizar su precio.